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Sonido Vegetal. Con su propio código

En el camino recorrido por Sonido Vegetal hay abundancia de curvas cerradas, intersecciones sin señalizar y cambios de rasante. El septeto andaluz, nacido en la localidad granadina de Dúrcal en 2009, lidia desde siempre con una compleja dinámica interna, pero demuestra tener gran capacidad de adaptación y una vocación invencible. Ni los numerosos cambios de formación –más de una docena de miembros en poco más de un lustro– ni su volátil relación con el universo discográfico –tres álbumes en tres sellos distintos– han mermado las capacidades creativas de una banda decididamente original.

En el núcleo duro de la misma encontramos a tres músicos –Néstor Melguizo, Manuel Iglesias y Fidel Megías– que llevan compartiendo ilusiones, ensayos, canciones y escenarios desde finales del siglo pasado. Lo hicieron en La Contra del Bando, grupo de ascendente skatalítico y espíritu punk que fijó parte del ADN de Sonido Vegetal. Y lo siguen haciendo ahora con ayuda de Martin “Youth” Glover, bajista de Killing Joke y reputado productor cuya intervención ha resultado fundamental a la hora de definir su carácter.

El primer álbum de Sonido Vegetal –“Sonido Vegetal”, publicado en 2010 por el sello londinense 5000 Records– hundía sus raíces en la tradición jamaicana, refrescándolas con un planteamiento sónico y tecnológico del todo contemporáneo. Fue una buena carta de presentación, aunque no tenga nada que ver con “Las bases del razonamiento”, que vio la luz en 2013 a través de Maldito Records y esbozó las líneas maestras de su actual discurso.

La idea era ampliar lo expuesto en su predecesor y esa fue la dirección que tomaron durante las primeras sesiones de grabación. Pero Youth intuyó que las canciones de Sonido Vegetal podían funcionar a la perfección en otro registro, apelando a un código estético distinto, el de la rica tradición musical balcánica. Y tenía razón. Con ese segundo álbum, el septeto empieza a delimitar su identidad a ritmo de punk gitano. Tampoco debería extrañarnos. Al fin y al cabo, estamos en la tierra que vio nacer el gypsy-rock hace ya más de cuarenta años.

Este nuevo discurso resulta tan novedoso como estimulante. La mejor prueba de ello es que, desde entonces, Sonido Vegetal ha multiplicado de forma exponencial su presencia en los escenarios. Pero el grupo no se duerme en los laureles. Sabe que su propuesta, muy pinturera, puede dar más de sí. Y decide continuar la búsqueda, incorporando y subrayando elementos de la tradición mediterránea y andalusí a unas composiciones del todo inclasificables. El resultado de esa investigación es “Verbena Calavera” (2015), su primer largo para Octubre/Sony. Registrado bajo la veterana tutela de “Youth”, el tercer álbum de Sonido Vegetal tiene mucho de cima particular. Y confirma que lo suyo es, de eso ya no cabe duda, otro rollo.